INDICE:

I.I     TOPÓNIMO ESGUEVA

I.II    PUEBLOS DEL VALLE

I-III  MONUMENTOS

 

II- I   LUIS DE GÓNGORA Y EL ESGUEVA

II- II  REPLICAS DE  FRANCISCO DE QUEVEDO

II- III CONTRA GÓNGORA (Cirilo García Román)

 

II - IV  CAMBIO DE ESTACIÓN Y CAMBIO DE AÑO

II - V  POEMA SEMBRANDO. MARCOS RAFAEL BLANCO BELMONTE

II - VI  POEMAS SENTIDOS. ( POR ARSENIO ESCOLAR)

          Gutierre de Cetina

          La amiga de Bernal Francés, de autor anónimo

          Sorpresa, de Federico García Lorca

          Lo inacabable, de Alfonsina Storni

          Ajedrez, de Jorge Luis Borges

          El amor ascendía entre nosotros, de Miguel Hernández

          Romance de la jura de santa Gadea, de autor anónimo

          Soneto, de sor Juana Inés de la Cruz

          Esto es amor, de Lope de Vega

          Lo fatal, de Rubén Darío

          Nadie fue ayer, de León Felipe

          A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa, de uno de los Argensola

          Besos, de Gabriela Mistral

          El cipres de Silos, de Gerardo Diego

          Poderoso Caballero es don dinero, de Quevedo

          El mañana efimero, de Antonio Machado

          Lo cotidiano, de Rosario Castellanos

          A la salida de la cárcel, de fray Luis de León

          La lluvia no dice nada, de Pedro Miguel Obligado

          Vida, de José Hierro.

          Canción hacia dentro, de Julia de Burgos

          En el principio, de Blas de Otero

          Ya no, de Idea Vilariño

          Octubre, de Juan Ramón Jiménez

          Fragmento de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla

          Hace un año que busco la forma de mi amado, de Carilda Oliver

          Los formales y el frío, de Mario Benedetti

          Vivo sin vivir en mí, de Teresa de Jesús

          Serranilla VII, del Marqués de Santillana

          Último brindis, de Nicanor Parra

          La Muralla,  Nicolás Guillén

          Poemas de amor. Juan de la Cruz

          Dos cuerpos, de Octavio Paz

          Fuego y nieve, de Pedro Antonio de Alarcón

I. I

Topónimo ESGUEVA.

Se trata de un nombre bien documentado en su evolución lingüística.

Del primitivo vocablo Agoseba, se llegó al actual Esgueva.

 .- Agoseba aparece en un diploma de Ordoño III en favor de la Iglesia de León, del año 995.

 .- En época de Alfonso VIII es siempre Axeva.

 .- En el Becerro de Las Behetrias aparece siempre Esgueva, Val de Esgueva.

 .- Agoseba es un compuesto de tres palabras ibéricas: Ago, que significa boca, Us que significa bosque e Ibai que significa rio.

 Su significado es: rio del bosque.

                                        Jesus Heras Aparicio

 

  I.II     

 PUEBLOS  QUE CONFORMAN EL VALLE ESGUEVA

En la provincia de Burgos:

Espinosa de Cervera,  Valdeande, Santa María del Mercadillo, Pinilla Trasmonte, Bahabón de Esgueva, Santibáñez de Esgueva, Cabañes de Esgueva, Pinillos de Esgueva, Terradillos de Esgueva, Villatuelda, Torresandino, Villovela de Esgueva y Tórtoles de Esgueva.

En la provincia de Palencia:

Castrillo de Don Juan.

En la provincia de Valladolid:

Encinas de Esgueva, Canillas de Esgueva, Fombellida, Torre de Esgueva, Castroverde de Cerrato, Villaco de Esgueva, Amusquillo, Villafuerte de Esgueva, Esguevillas de Esgueva, Piña de Esgueva, Villanueva de los Infantes, Olmos de Esgueva, Villarmentero de Esgueva, Castronuevo de Esgueva, Renedo de Esgueva y Valladolid 

I.III

Monumentos

En la zona burgalesa, encontraremos interesantes muestras de arte románico bajo la denominación de Escuela del Esgueva.

En la zona correspondiente a la provincia de Valladolid, pueden encontrarse monumentos románicos en Villafuerte de Esgueva y en Piña de Esgueva.

• Iglesia de Bahabón de Esgueva

• Iglesia de Cabañes de Esgueva

• Ermita de Santibáñez de Esgueva

• Iglesia de Pinillos de Esgueva- Monumento más representativo de la Escuela del Esgueva

• Iglesia de Terradillos de Esgueva

• Iglesia de Villatuelda - Tardorrománica de transición al gótico

• Iglesia de Torresandino

• Convento de Sta. Maria de los Valles, Torresandino

• Iglesia de Tórtoles de Esgueva

• Castillo de Encinas de Esgueva

• Iglesia de Encinas de Esgueva

• Iglesia de Castroverde de Cerrato.

• Restos de un castillo, de un castro celta y de una necrópolis romana en Castroverde de Cerrato.

 

 

II - I

 LUIS DE GÓNGORA

Musa que sopla y no inspira,

y sabe por lo traidor

poner los dedos mejor

en mi bolsa que en su lira,

no es de Apolo, que es mentira,

hija musa tan bellaca,

sino del que hurtó la vaca

al pastor: a tal persona

pongámosle su Helicona

en las montañas de Jaca.

Musa que en medio de un llano,

llevando gente consigo,

tradujo al mayor amigo

de francés en castellano.

Musa que a su medio hermano,

hijo del planeta rojo,

o por trato o por antojo

sin besarlo lo vendió:

no estoy muy seguro yo,

pues me ha besado en el ojo.

Remitirele el proceso

a quien me pusiere dudas

en darle nombre de Judas

por el trato o por el beso.

Y aun acumularle a eso

la mano de Judas quiero,

pues me juró un caballero

que en casa de una señora

la semana pecadora

mató vela y candelero.

Y en delitos tan soeces

ved qué gramáticas usa,

que ha declinado su musa

por templum templi mil veces;

y a pesar de los jüeces

y de las leyes, acierta

con el templo y con la puerta,

si no es que dicen por yerro

que entra el gato como el perro

porque halló la puerta abierta.

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       AL RIO ESGUEVA

I

A. ¿Qué lleva el señor Esgueva?

B. Yo os diré lo que lleva

 Lleva este río crecido ,

y llevará cada día

las cosas que por la vía

de la cámara han salido,

y cuanto se ha proveído

según leyes de Digesto ,

por jüeces que, antes desto,

lo recibieron a prueba.

II

A. ¿Qué lleva el señor Esgueva?

B. Yo os diré lo que lleva

Lleva el cristal que le envia

una dama y otra dama,

digo el cristal que derrama

la fuente de mediodía ,

y lo que da la otra vía,

 sea pebete o sea topacio ;

que al fin damas de Palacio

son ángeles hijos de Eva .

III

A. ¿Qué lleva el señor Esgueva?

B. Yo os diré lo que lleva

Lleva lágrimas cansadas

de cansados amadores,

que, de puro servidores,

son de tres ojos lloradas;

de aquél, digo, acrementadas

que una nube le da enojo

porque no hay nube deste ojo

que no truene y que no llueva.

IV

A. ¿Qué lleva el señor Esgueva?

B. Yo os diré lo que lleva.

Lleva pescado de mar,

aunque no muy de provecho,

que salido del estrecho

va a Pisuerga a desovar;

si antes era calamar

o si antes era salmón,

se convierte en camarón

luego que en el río se ceba.

V

A. ¿Qué lleva el señor Esgueva?

B. Yo os diré lo que lleva.

Lleva, no patos reales,

ni otro pájaro marino,

sino el noble palomino

nacido en nobles pañales ;

colmenas lleva y panales

que el río les da posada ;

la colmena es vidnada

y el panal es cera nueva.

VI

A. ¿Qué lleva el señor Esgueva?

B. Yo os diré lo que lleva.

Lleva sin tener su orilla

árbol ni verde ni fresco,

fruta que es toda de cuesco

y, de madura, amarilla;

hácese de ella en Castilla

conseva en cualquiera casa,

y tanta ciruela pasa ,

que no hay quien sin ella beba.

 

 

II-II

REPLICAS DE FRANCISCO DE QUEVEDO

 

I

Ya que coplas componéis,

ved que dicen los poetas

que, siendo para secretas,

muy públicas las hacéis.

Cólica diz que tenéis,

pues por la boca purgáis.

Satírico diz que estáis.

A todos nos dais matraca:

descubierto habéis la caca

con las cacas que cantáis.

II

De vos dicen por ahí

Apolo y todo su bando

que sois poeta nefando,

pues cantáis culos así.

Por lo cual me han dicho a mí

que desde hoy en adelante

diga que obras vuestras cante,

por el mandado de Apolo,

con el son de un rabel sólo

un rabadán ignorante.

III

No hay música donde estén

vuestros inmundos trabajos,

que si suenan bien los bajos,

los tiples no suenan bien;

y cuando tonos les den

a los que el mundo levanta,

¿cuál hombre o mujer que canta,

si tiene cabeza cuerda,

a pies de coplas de mierda

hará pasos de garganta?

IV

Con Esgueva es vuestro enojo:

nombre de sucio le dan,

siendo, de puro galán,

todos sus males de ojo.

Versos hacéis por antojo

que solo los bien nacidos

celebramos atrevidos;

que en otra conversación,

por ser sucios como son,

no pueden ser admitidos.

V

Vuestros conceptos alabo,

pues de puro buena pesca

los hacéis a la gatesca,

pues los hacéis por el rabo.

Tenéis un ingenio bravo;

hacéis cosas peregrinas;

vuestras coplas son divinas,

sino que dice un doctor

que vuestras letras, señor,

se han convertido en letrinas.

VI

Que alabe será muy justo

vuestros versos mi voz sola,

pues por ser todos de cola

se pegan a cualquier gusto.

Desde el scita al negro adusto

y desde el Tajo dorado

al Nilo tan celebrado,

no hay ingenio tan machucho

ni crecido, mas ¿qué mucho,

si crece de estercolado?

VII

Son tan sucias al mirar

las coplas que dais por ricas,

que las dan en las boticas

para hacer vomitar.

Un nombre os ando a buscar

que os cuadre derechamente,

y hallo que os llama un valiente

que de Córdoba os conoce

poeta de entre once y doce,

que es cuando vacia la gente.

VIII

¿Adónde hallaréis excusa

para lo que vemos todos,

que fue en verano y sin lodos

tan rabosa vuestra musa?

Si acaso Circe o Medusa

—o juntas ambas a dos—

os han mudado, por Dios

que olvidéis la prelacía,

antes que la policía

venga a conocer de vos.

IX

Yo por mí no pongo duda

en que las coplas pasadas,

según están de cagadas,

las hicisteis con ayuda.

Más vale que tengáis muda

la lengua, que en suciedades.

Dejad las ventosidades:

mirad que sois en tal caso

albañal donde el Parnaso

purga sus necesidades.

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Vuestros coplones, cordobés sonado,

sátiras de mis prendas y despojos,

en diversos legajos y manojos

mil servidores me los han mostrado.

Buenos deben de ser, pues han pasado

por tantas manos y por tantos ojos,

aunque solo me espanta en mis enojos

ver que cosa tan sucia haya limpiado.

Confieso que son aguas propiamente

las mías, pues que son las que hacen todos

, pero también os digo juntamente

que sois más sucio vos, pues que mis lodos,

mi estiércol, mi inmundicia y mi corriente

en la boca traéis de tantos modos.

No los tomé, porque temí cortarme

con lo sucio muy más que con lo agudo,

ni los quise leer por no ensuciarme.

Y así ya no me espanta el ver que pudo

entrar en mis mojones a inquietarme

un papel de limpieza tan desnudo.

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 Dime, Esguevilla, ¿cómo fuiste osado

a subirte a las barbas del que ha sido

más escrito en España y más leído

y con más justo nombre celebrado?

Si porque te cantó le has murmurado,

tan solamente que te acuerdes pido

de que toman tus aguas apellido

de las que hace un pueblo tan honrado.

Guárdales, pues, respeto a versos tales,

que es muy necio en juzgar cosas tan varias

el que nunca salió de entre pañales.

¡Decir que son las coplas ordinarias!

Sino tan llenas de agudeza y tales,

que aún son a ojos de todos necesarias.

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I

En lo sucio que has cantado

y en lo largo de narices,

de más de que tú lo dices,

que no eres limpio has mostrado.

Eres hombre apasionado,

y por saber que es corona

la pasión en tu persona,

es punto muy necesario

que esté en el monte Calvario

puesta de hoy más tu Helicona.

II

Traducir un hombre al rey

de francés en castellano,

mandándolo por su mano,

es justo y por justa ley,

mas no a la plebeya grey

el rey por dinero o ruego,

como tu pariente ciego.

Y no hagas desto donaire,

que mi culpa es cosa de aire,

pero la tuya de fuego.

III

Por muy pequeña ocasión

sé que en perseguirme has dado:

de aquellos lo has heredado

que inventaron la pasión.

Satírico no es razón

ser un hombre principal

que tiene sangre real:

yo lo sé, que tus pasados

fueron todos salpicados

con la de un rey celestial.

IV

Dirás: «Yo soy racionero

de Córdoba y de su iglesia»,

mas no es maravilla efesia

adquirirlo por dinero.

Longinos fue caballero

y Longinos fue judío.

De tu probanza me río:

al cabildo engañado has,

más podrá volverse atrás,

que no es el cabildo río.

V

Pues no fueron declinados

ni por sermo ni por templo

tus deudos, que, para ejemplo,

del templo fueron echados,

déjate de esos cuidados,

que decir mal es mal trato;

no seas a tu vida ingrato:

guárdate tras de esa salva,

no te muerda el perro de Alba

o te arañe el rostro el gato.

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II- III

Contra Góngora

         ( Cirilo García Román)

 

¡Oh qué malquisto con Góngora quedo,

con sus versos y su reverso oscuro!

En mi canon no te tengo: perjuro

burlarme en el último, y sin pedo.

 

¿Quiere ser bueno? Facil el remedio:

Vuelvase obtuso, pero por lo breve;

Y rio arriba en Aguachal abreve,

No en fétidas de cortesano enredo.

 

Fluya Esgueva con estos versos mios

Limpio y cristalino, no habiendo corte,

Y vengue escatológicos enojos;

Que pregonaré desde el sur al norte

Que, como el más humilde de los rios,

Tiene sus márgenes sin trampantojos

 

 

II - IV

 

CAMBIO DE ESTACIÓN Y CAMBIO DE AÑO

 

CIRILO GARCIA ROMAN

 

PLEGARIA

 

Antesala de los hielos,

Tú que alumbras con tus ascuas

Embarazos de los fuegos,

Dulce otoño embriagador.

 

Tú que acallas con tus brisas

Las chicharras y los cucos

Y los trinos de los mirlos,

Baco altivo y segador,

Escondiendo en tus neblinas

Con tu manto de hojarascas

A las tórtolas y grillos,

¡Oh nostalgia de la flor!

 

Hoy te pinto con la tinta

De estos surcos quejumbrosos,

Mal remiendo de las briznas

De tus brumas  y tu olor

 

Y de trazo con las trizas

De tus vientos olorosos

A los zumos de las viñas,

Suspendidos en vapor.

y te fijo con las niñas

De tus ojos tan acuosos

Por tu sangre de lloviznas

Y tu aroma de alcanfor.

 

Te suplico con ahinco

Que te quedes con nosotros,

Que no tengas mucha prisa

En ceder tu cetro al fiero

Marte cruel de nuestro invierno,

Pues eres nuestro pastor

          -------------------------------- . -----------------------------

 

II - V

EL SEMBRADOR

De aquel rincón bañado por los fulgores

del sol, que nuestro cielo triunfante llena,

de la florida tierra donde entre flores

se deslizó mi infancia dulce y serena,

envuelto en los recuerdos de mi pasado,

borroso cual lo lejos del horizonte,

guardo el extraño ejemplo nunca olvidado,

del sembrador mas raro que hubo en el monte.

 

aún no se si era sabio, loco o prudente

aquel hombre que humilde traje vestía;

sólo se que al mirarle la gente

con profundo respeto se descubría.

Y es que acaso su gesto severo y noble

a todos asombraba por lo arrogante:

¡Hasta los leñadores mirando al roble

siente las majestades de lo gigante!

 

Una tarde de otoño subí a la sierra

y al sembrador sembrando, miré risueño.

¡Desde que existen hombres sobre la tierra

nunca se ha trabajado con tanto empeño!

quise saber curioso, lo que el demente

sembraba en la montaña sola y bravía;

el infeliz oyóme benignamente

y me dijo con onda melancolía:

-Siembro robles y pinos y sicomoros;

quiero llenar de frondas esta ladera,

quiero que otros disfruten de los tesoros

que darán estas plantas cuendo yo muera

 

¿Por qué tantos afanes en la jornada

sin buscar recompensa? dije. Y el loco

murmuró , con las manos en la azada:

-Acaso tu imaginas que me equivoco,

acaso por ser niño, te asombre mucho

el soberano impulso que mi alma enciende;

por los que no trabajan, trabajo y lucho,

si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!

 

Hoy es el egoísmo torpe maestro

a quien rendimos culto de varios modos:

si rezamos, pedimos solo el pan nuestro,

¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!

en la propia miseria los ojos fijos,

buscamos las riquezas que nos convienen

y todo lo arrostramos por nuestro hijos.

¿Es que los demás padres hijos no tienen?...

Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre

y en las guerras brutales con sed de robo,

hay siempre un fraticida dentro del hombre,

y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

 

Por eso cuando al mundo triste contemplo,

yo me afano y me impongo ruda tarea

y se que vale mi pobre ejemplo,

aunque pobre y humilde parezca y sea.

¡Hay que luchar por los que no luchan!

¡Hay que pedir por todos los que no imploran!

¡Hay que hacer que nos oigan los que nos escuchan!

¡Hay que llorar por todos los que no lloran!

 

Hay que ser cual abejas que en la colmena

fabrican para todos dulces panales,

Hay que ser como el agua que va serena

brindando al mundo entero frescos raudales.

Hay que imitar al viento, que siembra flores

lo mismo en la montaña que en la llanura.

Y hay qe vivir la vida sembrando amores,

con la vista y el alma siempre en la altura....

 

Dijo el loco...y con noble melancolía

por las breñas del monte siguió trepando,

y al perderse en las sombras aún repetía:

¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!....

Blanco Belmonte

 

 II - VI

POEMAS SENTIDOS ( POR ARSENIO ESCOLAR)

 

Gutierre de Cetina

Ojos claros, serenos,

si de un dulce mirar sois alabados,

¿por qué, si me miráis, miráis airados?

Si cuanto más piadosos,

más bellos parecéis a aquel que os mira,

no me miréis con ira,

porque no parezcáis menos hermosos.

¡Ay tormentos rabiosos!

Ojos claros, serenos,

ya que así me miráis, miradme al menos.

 

 

La amiga de Bernal Francés, de autor anónimo

Sola estoy en la mi cama

namorando mi cojín;

¿quién será ese caballero

que a mi puerta dice «abrid»?

 

-Soy Bernal Francés, señora,

el que os suele servir

de noche para la cama,

de día para el jardín.

 

Alzó sábanas de holanda,

cubriose de un mantellín;

tomó candil de oro en mano

y a la puerta bajó a abrir.

Al entreabrir de la puerta,

él dio un soplo en el candil.

 

-¡Válgame Nuestra Señora,

válgame el señor san Gil!

Quien apagó mi candela

puede apagar mi vivir.

-No te espantes, Catalina,

ni me quieras descubrir

, que a un hombre he muerto en la calle,

la justicia va tras mí.

 

Le ha cogido de la mano

y le ha entrado al camarín;

sentole en silla de plata

con respaldo de marfil;

bañole todo su cuerpo

con agua de toronjil;

hízole cama de rosa,

cabecera de alhelí.

 

-¿Qué tienes, Bernal Francés,

que estás triste a par de mí?

¿Tienes miedo a la justicia?

No entrará aquí el alguacil.

¿Tienes miedo a los criados?

Están al mejor dormir.

-No temo yo a la justicia,

que la busco para mí,

ni menos temo a criados

que duermen su buen dormir

 

. -¿Que tienes, Bernal Francés?

¡No solías ser así!

Otro amor dejaste en Francia

o te han dicho mal de mí.

-No dejo amores en Francia

que otro amor nunca serví.

-Si temes a mi marido,

muy lejos está de aquí.

-Lo muy lejos se hace cerca

para quien quiere venir,

y tu marido, señora,

 lo tienes a par de ti.

Por regalo de mi vuelta

te he de dar rico vestir,

vestido de fina grana

forrado de carmesí,

y gargantilla encarnada

como en dama nunca vi;

gargantilla de mi espada

que tu cuello va a ceñir.

Nuevas irán al Francés

que arrastre luto por ti.

 

Sorpresa, de Federico García Lorca

Muerto se quedó en la calle

con un puñal en el pecho.

No lo conocía nadie.

 

¡Cómo temblaba el farol!

Madre.

¡Cómo temblaba el farolito

de la calle!

 

Era madrugada. Nadie

pudo asomarse a sus ojos

abiertos al duro aire.

 

Que muerto se quedó en la calle

que con un puñal en el pecho

y que no lo conocía nadie.

 

Lo inacabable, de Alfonsina Storni

No tienes tú la culpa si en tus manos

mi amor se deshojó como una rosa:

Vendrá la primavera y habrá flores…

El tronco seco dará nuevas hojas.

 

Las lágrimas vertidas se harán perlas

de un collar nuevo; romperá la sombra

un sol precioso que dará a las venas

la savia fresca, loca y bullidora.

 

Tú seguirás tu ruta; yo la mía

y ambos, libertos, como mariposas

perderemos el polen de las alas

y hallaremos más polen en la flora.

 

Las palabras se secan como ríos

y los besos se secan como rosas,

pero por cada muerte siete vidas

buscan los labios demandando aurora.

 

Mas… ¿lo que fue? ¡Jamás se recupera!

¡Y toda primavera que se esboza

es un cadáver más que adquiere vida

y es un capullo más que se deshoja!

 

Ajedrez, de Jorge Luis Borges

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada

reina, torre directa y peón ladino

sobre lo negro y blanco del camino

buscan y libran su batalla armada.

 

No saben que la mano señalada

del jugador gobierna su destino,

no saben que un rigor adamantino

sujeta su albedrío y su jornada.

 

También el jugador es prisionero

(la sentencia es de Omar) de otro tablero

de negras noches y blancos días.

 

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?

 

El amor ascendía entre nosotros, de Miguel Hernández

El amor ascendía entre nosotros

como la luna entre las dos palmeras

que nunca se abrazaron.

 

El íntimo rumor de los dos cuerpos

hacia el arrullo un oleaje trajo,

 pero la ronca voz fue atenazada.

Fueron pétreos los labios.

 

El ansia de ceñir movió la carne,

esclareció los huesos inflamados,

pero los brazos al querer tenderse

murieron en los brazos.

Pasó el amor, la luna, entre nosotros

y devoró los cuerpos solitarios.

Y somos dos fantasmas que se buscan

y se encuentran lejanos.

 

Romance de la jura de santa Gadea, de autor anónimo

En santa Águeda de Burgos,

do juran los hijosdalgo,

le toman la jura a Alfonso

por la muerte de su hermano;

tomábasela el buen Cid,

ese buen Cid castellano,

sobre un cerrojo de hierro

y una ballesta de palo

y con unos evangelios

y un crucifijo en la mano.

Las palabras son tan fuertes

que al buen rey ponen espanto.

 

—Villanos te maten, Alfonso;

villanos, que no hidalgos;

de las Asturias de Oviedo,

que no sean castellanos;

mátente con aguijadas,

no con lanzas ni con dardos;

con cuchillos cachicuernos,

no con puñales dorados;

abarcas traigan calzadas,

que no zapatos con lazo;

capas traigan aguaderas,

no de contray ni frisado;

con camisones de estopa,

no de holanda ni labrados;

caballeros vengan en burras,

que no en mulas ni en caballos;

frenos traigan de cordel,

que no cueros fogueados.

Mátente por las aradas,

que no en villas ni en poblado,

y sáquente el corazón

por el siniestro costado,

si no dijeres la verdad

de lo que te es preguntado:

si fuiste o consentiste

en la muerte de tu hermano.

 

Las juras eran tan fuertes

que el rey no las ha otorgado.

Allí habló un caballero

que del rey es más privado:

 

—Haced la jura, buen rey,

no tengáis de eso cuidado,

que nunca fue rey traidor,

ni papa descomulgado.

 

Jurado había el rey

que en tal nunca se ha hallado;

pero allí hablara el rey

malamente y enojado:

 

—Muy mal me conjuras, Cid;

Cid, muy mal me has conjurado;

mas hoy me tomas la jura,

mañana me besarás la mano.

 

—Por besar mano de rey

no me tengo por honrado,

porque la besó mi padre

me tengo por afrentado.

 

—Vete de mis tierras, Cid,

mal caballero probado,

y no vengas más a ellas

desde este día en un año.

 

—Pláceme, dijo el buen Cid;

pláceme, dijo, de grado,

por ser la primera cosa

que mandas en tu reinado.

Tú me destierras por uno,

yo me destierro por cuatro.

 

Ya se parte el buen Cid,

sin al rey besar la mano,

con trescientos caballeros,

todos eran hijosdalgo;

todos son hombres mancebos,

que ninguno había cano;

todos llevan lanza en puño

y el hierro acicalado,

y llevan sendas adargas

con borlas de colorado.

Mas no le faltó al buen Cid

adonde asentar su campo.

 

Soneto, de sor Juana Inés de la Cruz

Al que ingrato me deja, busco amante;

al que amante me sigue, dejo ingrata;

constante adoro a quien mi amor maltrata;

maltrato a quien mi amor busca constante.

 

Al que trato de amor, hallo diamante,

y soy diamante al que de amor me trata;

triunfante quiero ver al que me mata,

y mato al que me quiere ver triunfante.

 

Si a éste pago, padece mi deseo;

si ruego a aquél, mi pundonor enojo:

de entrambos modos infeliz me veo.

 

Pero yo, por mejor partido, escojo

de quien no quiero, ser violento empleo,

 

Esto es amor, de Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

 

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

 

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor süave,

olvidar el provecho, amar el daño;

 

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño;

esto es amor, quien lo probó lo sabe.

 

 

Lo fatal, de Rubén Darío

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura porque esa ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

 

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido y un futuro terror…

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

 

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos,

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber a dónde vamos,

ni de dónde venimos!…

 

 

Canción hacia dentro, de Julia de Burgos

¡No me recuerdes! ¡Siénteme!

Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma.

 

Mis dos ojos navegan

el mismo azul sin fin donde tú danzas.

 

Tu arco-iris de sueños en mí tiene

siempre pradera abierta entre montañas.

 

Una vez se perdieron mis sollozos,

y los hallé, abrigados, en tus lágrimas.

 

¡No me recuerdes! ¡Siénteme!

Un ruiseñor nos tiene en su garganta.

 

Los ríos que me traje de mis riscos,

desembocan tan sólo por tus playas.

 

Hay confusión de vuelos en el aire?

¡El viento que nos lleva en sus sandalias !

 

¡No me recuerdes! ¡Siénteme!

Mientras menos me pienses, más me amas.

 

En el principio, de Blas de Otero

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

 

Si he sufrido la sed, el hambre, todo

lo que era mío y resultó ser nada,

si he segado las sombras en silencio,

me queda la palabra.

 

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.

 

Ya no, de Idea Vilariño

 

Ya no será

ya no

no viviremos juntos

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa

no te tendré de noche

no te besaré al irme

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

 

No llegaré a saber

por qué ni cómo nunca

ni si era de verdad

lo que dijiste que era

ni quién fuiste

ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido

vivir juntos

querernos

esperarnos

estar.

 

Ya no soy más que yo

para siempre y tú

ya

no serás para mí

más que tú. Ya no estás

en un día futuro

no sabré dónde vives

con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca

como esa noche

nunca.

 

No volverá a tocarte.

 

No te veré morir. 

 

 

Octubre, de Juan Ramón Jiménez

Estaba echado yo en la tierra, enfrente

del infinito campo de Castilla,

que el otoño envolvía en la amarilla

dulzura de su claro sol poniente.

 

Lento, el arado, paralelamente

abría el haza oscura, y la sencilla

mano abierta dejaba la semilla

en su entraña partida honradamente.

 

Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,

pleno de su sentir alto y profundo,

al ancho surco del terruño tierno,

a ver si con romperlo y con sembrarlo,

la primavera le mostraba al mundo

el árbol puro del amor eterno.

 

Fragmento de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla

En Roma, a mi apuesta fiel,

fijé, entre hostil y amatorio,

en mi puerta este cartel:

«Aquí está don Juan Tenorio

para quien quiera algo de él.»

 

De aquellos días la historia

a relataros renuncio:

remítome a la memoria

que dejé allí, y de mi gloria

podéis juzgar por mi anuncio.

 

Las romanas, caprichosas,

las costumbres, licenciosas,

yo, gallardo y calavera:

¿quién a cuento redujera

mis empresas amorosas?

 

Salí de Roma, por fin,

como os podéis figurar:

con un disfraz harto ruin,

y a lomos de un mal rocín,

pues me querían ahorcar.

 

Fui al ejército de España;

mas todos paisanos míos,

soldados y en tierra extraña,

dejé pronto su compaña

tras cinco o seis desafíos

 

Nápoles, rico vergel

de amor, de placer emporio,

vio en mi segundo cartel:

«Aquí está  don Juan Tenorio,

y no hay hombre para él

 

 Desde la princesa altiva

a la que pesca en ruin barca,

no hay hembra a quien no suscriba;

y a cualquier empresa abarca,

si en oro o valor estriba.

 

Búsquenle los reñidores;

cérquenle los jugadores;

quien se precie que le ataje,

a ver si hay quien le aventaje

en juego, en lid o en amores.»

 

Esto escribí; y en medio año

que mi presencia gozó

Nápoles, no hay lance extraño,

no hay escándalo ni engaño

en que no me hallara yo.

 

Por donde quiera que fui,

la razón atropellé,

la virtud escarnecí,

a la justicia burlé,

y a las mujeres vendí.

 

Yo a las cabañas bajé,

yo a los palacios subí,

yo los claustros escalé,

y en todas partes dejé

memoria amarga de mí.

 

Ni reconocí sagrado,

ni hubo ocasión ni lugar

por mi audacia respetado;

ni en distinguir me he parado

al clérigo del seglar.

 

A quien quise provoqué,

con quien quiso me batí,

y nunca consideré

que pudo matarme a mí

aquel a quien yo maté.

 

 

Hace un año que busco la forma de mi amado, de Carilda Oliver

Hace un año que busco la forma de mi amado.

Él era joven, bueno, un poco mal hablado

aunque puso una fiesta en cada palabrota.

Entera la sonrisa, el alma casi rota.

 

Los ojos con la magia lumínica del rayo,

la boca como jueves romántico de mayo.

Iba desnudo y diáfano por gracia de su piel;

suave, con esa única caricia de laurel.

 

Tenía una manera de amar gentes y trinos

y le colgaban versos, ternuras y caminos.

Se sabe que era humilde. Se sabe que era pobre.

Maestro de las fraguas, artesano del cobre.

 

Gastaba los insomnios limando alguna espada.

(Quizás quiso con ellas atravesar la nada).

Comía sueños, frutas, neblinas, girasoles.

Guardado estuvo el miedo ahí en sus caracoles.

 

Me hizo una pulsera de plata: esta serpiente

que llevo aquí en el brazo como una huella ardiente

de aquel que era rebelde, nocturno, tan distinto,

con máscara de broma, pariente del jacinto.

 

Leía extraños libros. (Se le oye cuando canta

y exprime soledades aún en su garganta).

 

Fue huérfano de todo. Nació ya siendo hombre.

Mi amante, mi marido. Naufragio fue su nombre.

Vivir sólo quería, mas nunca tuvo suerte.

Se equivocó de vaso y se bebió la muerte.

 

Los formales y el frío, de Mario Benedetti

Quién iba a prever que el amor, ese informal

se dedicara a ellos tan formales

 

mientras almorzaban por primera vez

ella muy lenta y él no tanto

y hablaban con sospechosa objetividad

de grandes temas en dos volúmenes

su sonrisa, la de ella,

era como un augurio o una fábula

su mirada, la de él, tomaba nota

de cómo eran sus ojos, los de ella,

pero sus palabras, las de él,

no se enteraban de esa dulce encuesta

 

como siempre o como casi siempre

la política condujo a la cultura

así que por la noche concurrieron al teatro

sin tocarse una uña o un ojal

ni siquiera una hebilla o una manga

y como a la salida hacía bastante frío

y ella no tenía medias

sólo sandalias por las que asomaban

unos dedos muy blancos e indefensos

fue preciso meterse en un boliche

 

y ya que el mozo demoraba tanto

ellos optaron por la confidencia

extra seca y sin hielo por favor

cuando llegaron a su casa, la de ella,

ya el frío estaba en sus labios, los de él,

de modo que ella fábula y augurio

le dio refugio y café instantáneos

 

una hora apenas de biografía y nostalgias

hasta que al fin sobrevino un silencio

como se sabe en estos casos es bravo

decir algo que realmente no sobre

 

él probó sólo falta que me quede a dormir

y ella probó por qué no te quedas

y él no me lo digas dos veces

y ella bueno por qué no te quedas

de manera que él se quedó en principio

a besar sin usura sus pies fríos, los de ella,

después ella besó sus labios, los de él,

que a esa altura ya no estaban tan fríos

y sucesivamente así

mientras los grandes temas

dormían el sueño que ellos no durmieron.

 

Vivo sin vivir en mí, de Teresa de Jesús

Vivo sin vivir en mí,

y tan alta vida espero,

que muero porque no muero.

 

Vivo ya fuera de mí,

después que muero de amor;

porque vivo en el Señor,

que me quiso para sí:

cuando el corazón le di

puso en él este letrero,

que muero porque no muero.

 

Esta divina prisión,

del amor en que yo vivo,

ha hecho a Dios mi cautivo,

y libre mi corazón;

y causa en mí tal pasión

ver a Dios mi prisionero,

que muero porque no muero.

 

¡Ay, qué larga es esta vida!

¡Qué duros estos destierros,

esta cárcel, estos hierros

en que el alma está metida!

Sólo esperar la salida

me causa dolor tan fiero,

que muero porque no muero.

 

¡Ay, qué vida tan amarga

do no se goza el Señor!

Porque si es dulce el amor,

no lo es la esperanza larga:

quíteme Dios esta carga,

más pesada que el acero,

que muero porque no muero.

 

Sólo con la confianza

vivo de que he de morir,

porque muriendo el vivir

me asegura mi esperanza;

muerte do el vivir se alcanza,

no te tardes, que te espero,

que muero porque no muero.

 

Mira que el amor es fuerte;

vida, no me seas molesta,

mira que sólo me resta,

para ganarte perderte.

Venga ya la dulce muerte,

el morir venga ligero

que muero porque no muero.

 

Aquella vida de arriba,

que es la vida verdadera,

hasta que esta vida muera,

no se goza estando viva:

muerte, no me seas esquiva;

viva muriendo primero,

que muero porque no muero.

 

Vida, ¿qué puedo yo darle

a mi Dios que vive en mí,

si no es el perderte a ti,

para merecer ganarle?

Quiero muriendo alcanzarle,

pues tanto a mi Amado quiero,

que muero porque no muero.

 

Serranilla VII, del Marqués de Santillana

Moza tan fermosa

non vi en la frontera,

com’una vaquera

de la Finojosa.

 

Faciendo la vía

del Calatraveño

a Santa María,

vencido del sueño,

por tierra fraguosa

perdí la carrera,

do vi la vaquera

de la Finojosa.

 

En un verde prado

de rosas e flores,

guardando ganado

con otros pastores,

la vi tan graciosa,

que apenas creyera

que fuese vaquera

de la Finojosa.

 

Non creo las rosas

de la primavera

sean tan fermosas

nin de tal manera;

fablando sin glosa,

si antes supiera

de aquella vaquera

de la Finojosa;

 

non tanto mirara

su mucha beldad,

porque me dejara

en mi libertad.

Mas dije: «Donosa

-por saber quién era-,

¿dónde es la vaquera

de la Finojosa?»

 

Bien como riendo,

dijo: «Bien vengades,

que ya bien entiendo

lo que demandades;

non es deseosa

de amar, nin lo espera,

aquesa vaquera

de la Finojosa».

 

 

Último brindis, de Nicanor Parra

Lo queramos o no

solo tenemos tres alternativas:

el ayer, el presente y el mañana.

 

Y ni siquiera tres

porque como dice el filósofo

el ayer es ayer

nos pertenece solo en el recuerdo:

a la rosa que ya se deshojó

no se le puede sacar otro pétalo.

 

Las cartas por jugar

son solamente dos:

el presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos,

porque es un hecho bien establecido

que el presente no existe

sino en la medida en que se hace pasado

y ya pasó…,

como la juventud.

 

En resumidas cuentas

sólo nos va quedando el mañana:

yo levanto mi copa

por ese día que no llega nunca,

pero que es lo único

de lo que realmente disponemos.

 

La Muralla, Nicolás Guillén

Para hacer esta muralla,

tráiganme todas las manos:

los negros, sus manos negras,

los blancos, sus blancas manos.

Una muralla que vaya

desde la playa hasta el monte,

desde el monte hasta la playa,

allá sobre el horizonte.

 

—¡Tun, tun!

—¿Quién es?

—Una rosa y un clavel…

—¡Abre la muralla!

—¡Tun, tun!

—¿Quién es?

—El sable del coronel…

—¡Cierra la muralla!

—¡Tun, tun!

—¿Quién es?

—La paloma y el laurel…

—¡Abre la muralla!

—¡Tun, tun!

—¿Quién es?

—El alacrán y el ciempiés…

—¡Cierra la muralla!

 

Al corazón del amigo,

abre la muralla;

al veneno y al puñal,

cierra la muralla;

al mirto y la yerbabuena,

abre la muralla;

al diente de la serpiente,

cierra la muralla;

al ruiseñor en la flor,

abre la muralla…

 

Alcemos una muralla

juntando todas las manos;

los negros, sus manos negras,

los blancos, sus blancas manos.

Una muralla que vaya

desde la playa hasta el monte,

desde el monte hasta la playa,

allá sobre el horizonte…

 

Poemas de amor. Juan de la Cruz

Tras de un amoroso lance

y no de esperanza falto

volé tan alto tan alto

que le di a la caza alcance.

 

Para que yo alcance diese

a aqueste lance divino

tanto volar me convino

que de vista me perdiese;

y con todo, en este trance,

en el vuelo quedé falto;

mas el amor fue tan alto,

que le di a la caza alcance.

 

Cuanto más alto subía,

deslumbróseme la vista;

y la más fuerte conquista

en oscuro se hacía;

mas, por ser de amor el lance,

di un ciego y oscuro salto

y fui tan alto, tan alto,

que le di a la caza alcance.

 

Cuanto más alto llegaba

de este lance tan subido

tanto más bajo y rendido

y abatido me hallaba.

Dije: No habrá quien alcance.

Abatíme tanto, tanto,

que fui tan alto, tan alto,

que le di a la caza alcance.

 

Por una extraña manera

mil vuelos pasé de un vuelo,

porque esperanza de cielo

tanto alcanza cuanto espera;

esperé solo este lance,

y en esperar no fui falto,

pues fui tan alto, tan alto,

que le di a la caza alcance.

 

Dos cuerpos, de Octavio Paz

Dos cuerpos frente a frente

son a veces dos olas

y la noche es océano.

 

Dos cuerpos frente a frente

son a veces dos piedras

y la noche desierto.

 

Dos cuerpos frente a frente

son a veces raíces

en la noche enlazadas.

 

Dos cuerpos frente a frente

son a veces navajas

y la noche relámpago.

 

Dos cuerpos frente a frente

son dos astros que caen

en un cielo vacío.

 

Fuego y nieve, de Pedro Antonio de Alarcón

Duro es tu corazón como el granito;

mi corazón como la cera tierno:

verano ardiente soy; tú helado invierno;

tú nieve eterna; fuego yo infinito.

 

Yo me acerco a tu nieve, y no tirito;

antes crece la furia de este infierno;

y hiélate a ti más mi fuego eterno,

y ni me apagas ¡ay! ni te derrito.

 

¿Cómo encuentro calor donde no hay llama?

¿Cómo no da calor la llama mía?

¿Cómo mi incendio tu esquivez no inflama?

 

¿Cómo tu hielo mi pasión no enfría?

¡Oh! ¿por qué no nos hizo el hado aleve,

o de fuego a los dos, o a ambos de nieve?